12 diciembre 2004

Día 37...

Ya no sé si creo en Dios, él me dejó algún día, cuando estaba distraído. Creo, sí en el amor. Creo sí en el dolor. Creo en tus manos que se entretuvieron, jugando con mi cuerpo nuevo. Creo en tu mirada de amor, la primera, la de siempre, la última que dejaste escondida, en el envase cristalino de una lágrima oculta. Creo en las broncas, en las ganas con que creemos amar. Creo en las cachetadas verbales que nos dimos, y en la violencia que sólo una vez permitimos. Creo en todos tus silencios, en las palabras que por alguna razón nunca dijiste, en el amor que tú sientes por mí. Creo en mi dolor, en mi espera fiel, sin sexo, a no sé qué. “Dios se fue”, te dije alguna vez; pero... mírate las manos. Ellas me hicieron vivir, tus labios me dieron el oxígeno que necesitaba, me crecieron brotes y raíces. Me acunaron, aunque sabes que he vivido desvelado a tu lado, nunca pude dormir esperando el amanecer. ¡¡¡Mírate las manos!!! ¿Que hicieron de mí? Fueron y vinieron; tomando, dejando y tirando. Mírate las manos, anímate a mostrarte feliz, si es que ahora puedes negar, que alguna vez, en un día sin tiempo tú también me amaste. Cuando nos miramos, Cuando no amamos, Cuando nos dejamos, Cuando volvimos, Cuando nos separamos... Recuerda los besos, recuerda la respiración, la necesidad, la irresponsabilidad, la locura de pasión que de nuevo nos juntó, y entonces definitivamente, vas a saber que tú también aquella vez perdiste a Dios... 30/01/2002

No hay comentarios.: