12 diciembre 2004

Día 48...

Con lágrimas en los ojos, levantó su mirada hacia la gran bóveda celeste, entre los rescoldos del cielo, sobre la refriega, apareció un ángel. Sus vestiduras eran llamas, su armadura de fuego; ella lo miró a los ojos y extendió la palma de su mano como implorando su ayuda, mas el ángel sólo respondió con una mirada fría, vacía de sentimientos; sus cuencas oculares eran como un abismo que todo lo engullía hacia un vacío oscuro, sin vida, sólo oscuridad. Las alas del ángel murieron, y en su lugar nacieron otras, negras como la noche; se batieron y elevaron al demonio que en sus brazos la tomó y la llevó a un lugar en donde el tiempo no existía, en donde la soledad era su compañía, y la oscuridad su más hermosa amante. Un sitio en donde se convive con ángeles y demonios, un paraje en donde ella solía frecuentar para que aquel extraño angel de alas negras y armadura sagrada la tomara en sus brazos y la llevara en donde ella se sentía segura: El interior de su alma... 27/01/2002

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