El amor, la mujer, la muerte... Tres palabras unidas por un fuerte lazo: amamos a la mujer y llegamos a morir una y otra vez por ella... Definitivamente, hay que agradecer al que tuvo la genial idea de crearla. Sin ellas, seguramente seríamos asexuales y eso como que eso no tiene ninguna gracia; no habrían caricias y un beso cada amanecer, no existirían las palabras que nos erizan la piel ni el llanto de arrepentimiento cuando sabemos que erramos y la herimos. Sin la mujer, no tendríamos un motivo para querer llegar a un nuevo día, no sentiríamos amor mas que por nosotros mismos, seríamos unos entes sin alma, no veríamos los colores con tanta intensidad ni tendríamos la alegría en nuestro interior. Es por eso que debemos consentirlas, quererlas, amarlas, cuidarlas; deberían nombrarlas patrimonio de la humanidad y castigar con la indiferencia y el olvido a quien ose herirla aún accidentalmente... 30/12/2004
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