Está fría esta bóveda que habito, suelo reptar por todas las paredes, por un orificio se cuelan a veces rayos de luz que me han dejado ciego... Sublime este mundo desierto, me ha cobijado como una madre a su hijo, con cuidado y dedicación me ha cubierto en un manto de tinieblas, ¿Qué más podría esperar? Ahora que sé que mi mundo es un gran teatro y que soy forzado a interpretar mi papel. Soy el olvidado de Dios, la merma de la creación, por eso levanto monumentos sobre mi desvida, ataviado de sombras, inmolando mis sueños de otoño y de verano. Muchas veces sedo mi mente, luego vienen largos letargos, luego letanías por sosiego, luego el amor se presenta sagrado, intocable, ¿Y el Dios? Impensable. Muchas, muchas veces, cuando me siento solo, corro al espejo para ver mi reflejo, y por unos instantes mientras me contemplo me siento acompañado. Sobre mí, cae la fría luz de luna y un cielo estrellado de voces mudas, mundo ilusorio que inunda mi vida, camino sobre el filo de navajas que me guiñan el ojo, lleno hasta el tope de existencialismo maldito, llenando páginas blancas tan negras como mi noche. Es la luna mi delirio, dando giros encantados vuelvo siempre a mi noche sin fin, observando pasmado la realidad de esta bóveda que habito, causante de mis pesadillas nocturnas, amante de mi ser... 19/12/2001
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